Underconsumption core: por qué comprar menos

Qué es el underconsumption core y por qué comprar menos se ha vuelto aspiracional

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Durante años, buena parte del contenido que circulaba por redes sociales convirtió las compras en una forma de entretenimiento. Hauls de ropa, productos de belleza recién abiertos, objetos virales para la casa y novedades tecnológicas aparecían una detrás de otra hasta hacer que estrenar pareciera casi una rutina. Frente a ese ritmo constante, el underconsumption core propone algo mucho menos espectacular pero cada vez más atractivo: utilizar durante más tiempo lo que ya tenemos y dejar de sentir que cada objeto necesita una actualización.

La idea resulta llamativa precisamente porque muchas de sus prácticas tienen poco de novedosas. Terminar un cosmético antes de abrir otro, repetir un abrigo durante varios inviernos, reparar unos zapatos o conservar el teléfono mientras sigue funcionando forman parte de hábitos cotidianos que existían mucho antes de TikTok. Lo interesante es preguntarse por qué comportamientos tan normales han necesitado una nueva etiqueta para recuperar valor.

Qué significa realmente el underconsumption core

El underconsumption core es una tendencia popularizada en redes sociales que pone en valor utilizar, reutilizar, mantener y reparar aquello que ya poseemos en lugar de sustituirlo constantemente por algo nuevo. Frente a la estética de la novedad permanente, aparecen productos terminados, prendas repetidas, objetos con señales de uso y casas donde las cosas permanecen durante años sin necesidad de adaptarse a cada nueva tendencia.

El término combina underconsumption, relacionado con consumir menos, con el sufijo core, utilizado en internet para definir determinadas estéticas y movimientos culturales. Sin embargo, reducirlo a una cuestión visual dejaría fuera su parte más interesante, porque detrás de las imágenes de objetos usados existe cierto cansancio ante una cultura digital en la que siempre parece haber algo nuevo que deberíamos conocer, probar o sustituir.

Consumir menos tampoco significa dejar de comprar. La diferencia está en introducir cierto espacio entre el deseo y la decisión, prestar más atención a lo que ya tenemos y preguntarnos si una nueva adquisición responde realmente a una necesidad o simplemente a la velocidad con la que aparecen nuevos estímulos.

De los hauls a presumir de seguir utilizando lo mismo

Durante buena parte de la última década, mostrar compras se convirtió en un formato propio de entretenimiento. Los hauls, los unboxings y las recomendaciones de influencers transformaron productos cotidianos en contenido y permitieron descubrir novedades con una frecuencia difícil de imaginar antes de las redes sociales.

A esta exposición constante se sumaron ciclos de tendencias cada vez más breves, especialmente visibles en moda, belleza y decoración. Un objeto podía convertirse en imprescindible durante unas semanas y desaparecer poco después del feed, sustituido por otro producto que prometía ser más práctico, bonito o necesario.

El underconsumption core aparece precisamente como reacción a esa velocidad. En lugar de enseñar cinco bolsos recién comprados, alguien muestra el que lleva utilizando desde hace ocho años; en vez de abrir una colección de productos de belleza, aparece un envase prácticamente terminado. Lo usado deja de ocultarse y empieza a funcionar como una pequeña prueba de permanencia.

La paradoja es que incluso consumir menos termina convertido en contenido. Sin embargo, detrás de esa contradicción existe una pregunta bastante más amplia sobre cuánto compramos, por qué lo hacemos y hasta qué punto las redes han modificado nuestra percepción de lo que significa tener suficiente.

Por qué comprar menos se ha vuelto aspiracional

El contexto económico explica una parte del fenómeno, aunque no todo. Cuando vivienda, alimentación, suministros y otros gastos cotidianos ocupan una proporción importante del presupuesto, las compras constantes pierden atractivo, pero al mismo tiempo existe cierto agotamiento frente a la cantidad de decisiones y novedades que acompañan al consumo digital.

Cada semana puede aparecer una nueva rutina de cuidado personal, una tendencia para vestir, una forma distinta de organizar la cocina o un dispositivo que promete simplificar la vida. Cuando esas recomendaciones se acumulan, tener suficiente empieza a resultar sorprendentemente atractivo porque elimina parte de la sensación de estar buscando siempre la siguiente mejora.

El atractivo del underconsumption core está precisamente en convertir esa suficiencia en algo visible. Utilizar lo que tenemos deja de asociarse necesariamente con estar desactualizado y puede empezar a transmitir criterio, duración y una relación algo menos impulsiva con las cosas.

También cambia nuestra percepción del estatus. Estrenar sigue teniendo valor, pero conservar durante años una chaqueta, un mueble o un bolso también puede contar otra historia: conocemos lo que usamos, elegimos con cierta intención y no necesitamos sustituir cada objeto cuando aparece una versión nueva.

No-buy, low-buy y utilizar lo que ya tenemos

Esta conversación se cruza de forma natural con otras maneras de revisar nuestros hábitos de compra. El underconsumption core pone principalmente el foco en prolongar la vida de aquello que ya poseemos, mientras que los retos no-buy y low-buy establecen límites previos para reducir determinadas compras, ya sea dejando temporalmente de adquirir una categoría o fijando reglas más flexibles sobre cantidad y presupuesto.

La diferencia resulta útil porque no todas las personas necesitan el mismo método. Para algunas bastará con terminar lo que tienen antes de sustituirlo; otras descubrirán que ciertas categorías requieren límites más claros porque las compras se han convertido en una costumbre. Ambos enfoques comparten, sin embargo, una pregunta de fondo: cuánto de lo que incorporamos responde a una necesidad y cuánto aparece simplemente porque existe la posibilidad inmediata de comprarlo.

También encontramos aquí el deinfluencing, que cuestiona determinados productos promocionados de manera constante en redes sociales. En este caso la atención se dirige principalmente hacia la próxima compra, mientras que el consumo reducido se interesa por nuestra relación con los objetos que ya forman parte de la vida cotidiana.

Underconsumption core: por qué comprar menos

¿Una tendencia nueva o simplemente una forma normal de consumir?

Una de las contradicciones más interesantes del underconsumption core es que muchas de las prácticas que presenta como tendencia no tienen nada de nuevas. Utilizar un abrigo durante años, terminar una crema antes de comprar otra, heredar muebles, pasar libros entre familiares o reparar un pequeño desperfecto han formado parte de la vida cotidiana durante generaciones, especialmente cuando producir y comprar era más costoso y los ciclos de sustitución eran mucho más lentos.

Para muchas personas tampoco son decisiones relacionadas con la sostenibilidad o una filosofía de vida, sino sencillamente una manera habitual de administrar el dinero. Por eso conviene evitar romantizar el consumo reducido o transformarlo en una estética aspiracional sin reconocer que no todo el mundo elige cuánto puede gastar.

La tendencia resulta más interesante cuando sirve para observar cómo ha cambiado nuestra percepción de lo suficiente. Si terminar un producto, repetir ropa o mantener un teléfono durante varios años parece algo digno de mostrarse en redes, quizá eso diga más sobre la cultura de consumo que hemos construido que sobre la supuesta novedad de utilizar las cosas hasta el final.

Del consumo rápido a una economía que intenta alargar la vida de los productos

La conversación tampoco se limita a las redes sociales. En España, el II Plan de Acción de Economía Circular aprobado por el MITECO en 2026 incluye 105 medidas y sitúa entre sus prioridades la prevención de residuos, la durabilidad, la reparabilidad y la reutilización, avanzando desde un modelo lineal basado en extraer, producir, consumir y desechar hacia otro que intenta mantener productos y materiales en uso durante más tiempo.

Ese enfoque ayuda a situar el underconsumption core dentro de una conversación mucho más amplia. Consumir de manera más circular no consiste únicamente en reciclar aquello que desechamos, sino también en reducir sustituciones innecesarias, favorecer productos que puedan repararse y mantener materiales y objetos en circulación durante más tiempo.

El propio plan prioriza la prevención, la reparación y la preparación para la reutilización antes del reciclaje, una jerarquía que resulta especialmente interesante porque desplaza la atención hacia lo que ocurre antes de que un objeto se convierta en residuo.

Reparar antes de reemplazar también cambia nuestra forma de consumir

Cuando algo deja de funcionar perfectamente, sustituirlo suele ser la opción más visible porque requiere menos esfuerzo que investigar una reparación. Sin embargo, una batería, una cremallera, una pata inestable o una pequeña avería pueden tener soluciones capaces de prolongar durante años la vida de un producto.

Esto no significa que reparar siempre sea la mejor decisión. Hay objetos cuyo arreglo resulta demasiado caro, tecnologías que quedan obsoletas y necesidades que cambian con el tiempo, pero considerar la reparación antes de comprar introduce una alternativa que el consumo rápido suele borrar del proceso.

La diferencia puede parecer pequeña, aunque modifica bastante nuestra relación con lo que poseemos. Un objeto deja de ser algo temporal que mantenemos hasta encontrar una versión mejor y recupera valor precisamente por el tiempo durante el que continúa siendo útil.

La segunda mano forma parte de la misma conversación

La segunda mano también encaja naturalmente dentro del underconsumption core, porque un objeto que deja de ser útil para una persona no tiene por qué haber llegado al final de su vida. Ropa, muebles, libros, tecnología y objetos domésticos pueden seguir circulando y permitir que otra persona los utilice durante años en lugar de quedar olvidados o convertirse inmediatamente en residuos.

Sin embargo, comprar usado tampoco es automáticamente sinónimo de consumir menos. Si navegamos constantemente por plataformas de segunda mano porque los precios parecen bajos, podemos terminar acumulando exactamente igual que en cualquier otro mercado. Cambia el origen de los productos, pero no necesariamente cambia el hábito.

Lo interesante está en ampliar las posibilidades que existen antes de comprar algo nuevo. Podemos conservar lo que ya tenemos, repararlo, intercambiarlo, venderlo o buscar una alternativa usada, y cada una de esas opciones puede tener sentido dependiendo del producto y de nuestras circunstancias.

Consumir menos no significa consumir perfectamente

Una de las trampas habituales de las tendencias relacionadas con sostenibilidad es que una idea razonable puede terminar convertida en otra obligación. De pronto parece que cada compra necesita una investigación exhaustiva, que desprendernos de algo supone un fracaso o que existe una forma moralmente correcta de relacionarnos con todo aquello que compramos.

Entendido de esa manera, el underconsumption core perdería precisamente buena parte de su utilidad. Las necesidades cambian y no todos los productos pueden mantenerse indefinidamente; podemos conservar unas cosas durante muchos años, comprar otras nuevas cuando realmente haga falta, recurrir a segunda mano en determinados momentos y decidir que una reparación concreta simplemente no merece la pena.

El objetivo no debería ser alcanzar una especie de pureza de consumo, sino reconocer mejor nuestros automatismos. Si una tendencia consigue que esperemos un poco antes de sustituir algo que todavía funciona o que valoremos lo que ya tenemos antes de buscar una alternativa, el cambio probablemente sea más útil que cualquier lista rígida de prohibiciones.

Qué puede quedar cuando desaparezca la tendencia

Las tendencias digitales tienen una vida limitada. Aparecen, generan millones de publicaciones, se transforman y finalmente dejan sitio a otra conversación, aunque algunas de las ideas que contienen sigan presentes mucho después de que el nombre pierda popularidad.

Si el underconsumption core deja algo realmente interesante, probablemente no sea una estética determinada ni la obligación de mostrar objetos gastados en redes. Puede ser algo mucho más sencillo: recuperar la normalidad de terminar lo que compramos, repetir ropa sin sentir que necesita explicación, conservar objetos que siguen funcionando y esperar un poco antes de decidir que algo debe ser reemplazado.

Consumir menos tampoco necesita convertirse en otra identidad que mantener. Cuando podemos elegir con algo más de calma qué incorporamos, qué conservamos y qué dejamos pasar, la tendencia empieza a desaparecer y queda únicamente una relación más consciente con las cosas que forman parte de nuestra vida.